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Pacheta, la ilusión renovada

EL PACHETISMO ENCIENDE LA ILUSIÓN 

Dom, 27/06/2021 - 21:38
Diego Rivera Ruiz
Diego Rivera Ruiz

 

He recuperado la ilusión. Esa ilusión que la peor campaña que le recuerdo al Real Valladolid en Primera División me robó por completo. Una temporada durísima a todos los niveles, con unos jugadores que no supieron estar a la altura, un entrenador que mostró una incapacidad absoluta, un director deportivo que erró en la confección de la plantilla y un presidente que optó por la más completa inacción, dejando morir a un equipo que se veía meses atrás que se marchaba directamente a Segunda División. Pero quizás lo más duro haya sido que todo esto ha sucedido con la afición sin poder acudir a Zorrilla, lo que ha causado un enorme desapego entre buena parte de la masa social blanquivioleta.
De hecho, muchos eran los comentarios de socios del Real Valladolid que aseguraban que la próxima temporada no renovarían su abono, hartos de lo que han tenido que sufrir estos últimos meses. Desconozco cuantos de ellos seguirán pensando lo mismo, pero estoy completamente convencido de que muchos han cambiado de opinión tras la rueda de prensa de presentación de Pacheta como nuevo técnico vallisoletano.
Es verdad que solo fue eso, una rueda de prensa, pero el hastiado socio blanquivioleta necesitaba algo a lo que agarrarse después de meses y meses de desesperación y de continuas ruedas de prensa escuchando hablar de sinergias, frecuencias o imputs. Y es que yo soy de los que piensan que las declaraciones de un entrenador en la previa de un partido no te dan los tres puntos, pero si te ayudan a crear el clima necesario para lograrlos. Y Pacheta en su presentación puso la primera piedra para que el Real Valladolid pueda conseguir el ansiado ascenso a Primera División.
Muchos me podrán decir que el burgalés dijo lo que tenía que decir y que no podía mandar otro mensaje en su primera aparición pública, pero dentro de eso hay que darle valor a las formas. Y las de José Rojo Martín fueron inmejorables. Básicamente porque consiguió que saliera de esa sala de prensa con la moral por las nubes, con ganas de que la temporada empezara mañana mismo y creyendo que este equipo, que solo fue capaz de ganar uno de los últimos 21 partidos la temporada pasada, puede ahora lograr el retorno a Primera. Eso es el Pachetismo. Una filosofía que muchos tildan de vendehumos, pero que consigue hacer creer a los más incrédulos y que, sin ir más lejos, inundó Huesca la temporada pasada. Es verdad que después el fútbol es tremendamente caprichoso y muchas veces las cosas no salen como quieres, a pesar de que hagas todo lo que tienes que hacer para conseguirlo. De hecho no podemos descartar que en tres meses estemos pidiendo el cambio de entrenador, pero a mí personalmente me gusta que, de inicio, me vendan la moto que me quiere vender el burgalés. 
El reto lo tiene ahora el técnico, que debe repetir con sus jugadores lo que consiguió con prensa y aficionados en su presentación. Que todos sus pupilos le compren esa moto y aceleren juntos hacia el objetivo. Y es que más allá de cuestiones tácticas (fundamentales igualmente), es imprescindible que TODA la plantilla crea en su entrenador a pies juntillas. Que todos se empapen de ese optimismo y esa fuerza que el burgalés transmite en cada una de sus declaraciones. Porque cuando las piernas empiezan a pesar, la fuerza del grupo y de lo psicológico hace que se puedan conseguir cosas inimaginables, parafraseando al de Salas de los Infantes. El Real Valladolid necesitaba un líder, alguien que hiciera despertar a una plantilla adormilada y acomodada, y la filosofía del Pachetismo, en la que la honestidad y el trabajo son fundamentales, es ideal para lograrlo. 
La pelota ahora está en el tejado de los jugadores. Esos que con sus malas actuaciones han descendido al Real Valladolid y que ahora, es verdad que lícitamente, tratan de bajarse del barco y de encontrar acomodo en Primera División. A todos nos gustaría que los grandes nombres de la actual plantilla arrimaran el hombro y trataran de devolver al equipo vallisoletano al lugar que se merece. Pero estoy de acuerdo con Pacheta, el que no quiera estar que se vaya cuanto antes, que no estorbe y que no reste al grupo (previo paso por caja). Los ascensos los consiguen los grupos fuertes y unidos, más allá de las individualidades, como ha demostrado el Rayo Vallecano. Y en Valladolid precisamente sabemos de lo que hablamos. 
Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que la lealtad no es un valor al alza y el mundo del fútbol no es ajeno a ello. Muchos jugadores saldrán y dejarán tirado a un equipo que les dio la oportunidad de jugar en la máxima categoría, pero la esencia de un club no son sus jugadores, ni siquiera su entrenador o su presidente. Lo que realmente hace que un club siga vivo es su afición y la del Real Valladolid estoy convencido que va a estar ahí en cuanto el maldito coronavirus lo permita. Los blanquivioletas de corazón solo necesitaban una chispa que volviera a prender la llama de la ilusión y Pacheta en su presentación cogió la cerilla. El Pachetismo ha llegado
 

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