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GRACIAS, querido Deporte

Mar, 08/06/2021 - 18:59
Eduardo Balnco
Eduardo Blanco

 


Hace días que tenía ganas de asomarme a este balcón, pero el maldito tiempo siempre cerraba las puertas y corría las cortinas. Pero hoy no. Hoy soy yo el que le impone mi ley y el que dice: ¡para! Detente un instante. Hoy es buen día para reflexionar. Esta tarde el medio para el que trabajo, EsRadio en Valladolid, hará entrega de los premios a los mejores deportistas de esta temporada que acaba de concluir. Es, por tanto para mí, un estupendo punto de inflexión para realizar el balance de un curso extraño, voluntarioso y asustado.

Extraño por cómo se ha tenido que desarrollar. Sin público. Con mascarillas. Con medidas de seguridad que nos hacían pensar que nada era normal. Voluntarioso por que queríamos Deporte y todos los que forman esta familia pusieron de su parte para que no se tuviera que parar, para que se siguiera caminando por muy tortuoso que fuera la senda. Y asustado ya que quien más y quien menos hemos pensado que a lo peor, esta podía ser la tónica a partir de ahora. Que esta anormalidad se convirtiera en cotidianidad.

Hemos estado y queda el rescoldo, intimidados por algo que no habíamos vivido, que no sabíamos afrontar. Nos ha tocado vivir, quién nos lo iba a decir, un deporte de mascarilla de limitaciones de impedimentos. Pero, como decía aquel comercial, el ser humano es maravilloso y quince o dieciséis meses después, recuperamos, remontamos, hemos demarrado en las peores rampas de la etapa y nos hemos marchado, hemos empezado a dejar al covid atrás. ¡Eso sí! Cuidado con las “pájaras” con los despistes con las confianzas. Asomado a este balcón miro un pasado duro a nivel social pero con un deporte erigido en faro. En los momentos en los que no había nada, en los que todo daba miedo, en los que no había donde agarrarse para sujetarse a algo conocido que nos hiciera tener algo de esperanza y nos reconfortara, ahí estuvo el Deporte, de forma concreta, el Fútbol. La vuelta de la Liga nos hizo atrapar un balón… de oxígeno. Distraernos y poder hablar de goles, penaltis, árbitros o delanteros dejando por unos minutos o unas horas los titulares que hablaban de fallecidos, las cifras que sumaban enfermos o los cierres o prohibiciones que hundían económicamente el país. Hasta los que no sabían diferenciar entre un corner y un fuera de juego, hablaban de Fútbol, se agarraban a ese flotador tirado al mar de la frustración que atravesábamos. El balompie fue el bálsamo de Fierabrás. Tras él y finalmente con él, fue todo lo demás. El deporte ha retomado el pulso a pesar de los tiempos inciertos a nivel económico que vive. Ya se corre, se salta, se lanza… Los deportistas han tenido que amoldarse aunque soy de los que piensa que los deportistas son héroes acostumbrados a disfrutar en el sufrimiento físico y por tanto psíquico. Al esfuerzo desmesurado. A caer y levantarse y hacerlo tantas veces como veces caigan. A luchar para contribuir al éxito e incluso al éxito del rival. Uno no gana si otro no pierde y si gana es por haber superado al rival. Por tanto, el rival es colaborador indispensable en el éxito. El deportista está hecho de otra pasta y en esta situación sin precedentes en la sociedad tal y como la conocemos o conocíamos, se ha magnificado esa percepción.

Por eso, cuando tuvimos la primera reunión para empezar a trabajar en la concesión de estos galardones que en un rato entregamos, tuve un sensación agridulce. Después de no haberlo hecho el año pasado volvíamos a celebrar el Deporte. Pero…. ¿Cómo premiar a uno y no hacerlo con todos los demás? Entregar premios por méritos deportivos es injusto. Siempre. Pero en esta ocasión, más aún. Todos merecen el reconocimiento, el tributo, la pleitesía. Qué despótico dejar fuera a los que se sobrepusieron a todo. A aquellos que nos hicieron llevar nuestra mente a una normalidad a la que nuestro cuerpo no tenía acceso.

A un ratito de reconocer a unos pocos, lo único que se me ocurre, aquí, apoyado en esta balaustrada, es decir alto y claro gracias, querido Deporte.

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