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VERANO DE REGENERACIÓN PARA EL PUCELA

Mar, 06/07/2021 - 13:17
Anselmo Moreno
Anselmo Moreno

 

La pasada temporada fue un fracaso tan rotundo como evitable y bochornoso. Sin ambages. Se demostró el yerro desde muy pronto, con los ocho partidos iniciales sin ganar y, después, ni hubo suerte adversa ni árbitros a quienes inculpar. Sin embargo, la vida encierra trampas muy extrañas y eso, a veces, da la razón a quienes dicen que el éxito y el fracaso son dos impostores o que hay que tratarlos siempre con la misma indiferencia. Y es que en ocasiones, solo en algunas ocasiones, bajar puede servir para regenerarse como club y como equipo. Puede ser un paso atrás para tomar impulso aunque no es la forma ideal de hacerlo, cierto es.

Un descenso ejerce a veces un efecto purificador, sirve para depurar responsabilidades, rearmarse y purgar las culpas. Es aquello de perder para ganar. Más o menos. Puede que estemos ante un escenario como ese, siempre y cuando las cosas se hagan bien porque, de vez en cuando, hay que estar a punto de despeñarse o hay que pasarlo MUY mal para avistar el camino del éxito. Hay varios ejemplos de ello en el deporte de élite.Es cierto, y nadie lo niega, que estar en Segunda División tiene pocas cosas buenas pero una de ellas es la referida opción de regenerarse. Ya le pasó al Valladolid cuando bajó en 2010 y llegaron jugadores como Valiente,

Peña, el repescado Rueda o Javi Guerra, que sirvieron para modelar el armazón de la plantilla en las temporadas subsiguientes. Y antes, para jugar en Segunda, también llegaron Sisi, Aduriz, Borja, Llorente, Pedro López o Alvaro Rubio. Tal vez no hubieran venido con el equipo en la máxima categoría porque se hubiera buscado otro perfil de futbolista. También está claro que el club no hubiera dado la alternativa a un entrenador con el escaso bagaje de Djukic estando en Primera, pero se demostró un acierto pleno.

Hace poco, en conversación privada, hablaba con García Calvo (director deportivo por aquellos años) y me recordaba que no había "un chavo" para fichar en esas temporadas previas al ascenso de 2012. Por eso se seguía a otro tipo de jugadores, pero el caso es que muchos de ellos ofrecieron un rendimiento notable, incluso duradero. Fueron fichajes acertados desde la necesidad y la obligación.

El tiempo, con harta frecuencia, cambia la percepción de las cosas. Veremos con los años si de todo lo que ha sido un indudable y estrepitoso FRACASO este año sale algo bueno. No es descartable que de todos los errores y de todos los cambios habidos haya un acierto que resulte clave, la tecla definitiva. Puede ser Fran Sánchez o puede ser Pacheta, que apareció en su presentación como una especie de Mendilibar 3.0.

Mendi tuvo que irse después de un pretendido "salto de calidad". Esos saltos de calidad, como el que se intentó dar la pasada campaña con el entrenador equivocado, casi siempre han acabado en descensos o trances complicados. Algunos fueron altamente dramáticos por el enorme daño económico, algo que no es tan grave esta vez (no es consuelo, pero es la realidad). Sin embargo, las circunstancias fueron casi siempre parecidas y ahí están los ejemplos de aquellos veranos animados en que llegaron Nilson, Matosas, Belodedici y muchos más o aquel otro de Manucho, Alberto Bueno, Pelé, Nivaldo etc.

Siempre me pareció más rentable fichar calidad antes que cantidad y, después, apoyarse de un modo u otro en la cantera o en jugadores con cierto poso y "solera" blanquivioleta. ¿De qué sirve ahora tener a casi 40 futbolistas en nómina? Hay que aprender también de esa lección porque en el fútbol, como en la vida, unas veces se gana y otras se aprende... El problema que tiene ahora el club con las salidas es brutal, un pedrusco en el zapato. Será una pérdida de horas de trabajo, de dinero y de recursos. Fichar a muchos jugadores de golpe o firmar contratos muy largos puede salir bien, pero a veces resulta peligroso y hasta perverso. Es así porque, en ocasiones, la cosa tarda mucho en cuajar o bien la mezcla de los nuevos y los de antes (este año la guardia pretoriana de Sergio) chirría, da problemas y no funciona.
Sucedió igual aquel último año de Mendilibar y el guión previo a la temporada fue muy similar. Los entrenadores son gestores de grupos y también tienen su culpa aunque, en este caso, poco tiene que ver la de Sergio González con la del técnico vizcaíno. Entre otras cosas, porque Sergio acabó la temporada y metió al equipo en un bucle desde el principio, con decisiones incomprensibles e injustas pero eso ya pasó. Sobre lo que pasó no se puede actuar aunque nadie nos va a quitar esa sensación de que el desastre pudo haberse evitado con algo de sentido común.

Sin embargo, insisto, ya no sirve de mucho mirar hacia atrás salvo para no repetir los mismos errores o exigir responsabilidades. El futuro y todo aquello que ofrece un margen de actuación está por delante. Obviamente las realidades pasadas son inmodificables. Muchas personas gastan más tiempo y energía en hablar de los problemas que en afrontarlos. Este es el verano de las soluciones, se impone aquello de considerar las contrariedades como un ejercicio de inteligencia y rebuscar entre los remedios. No solamente puede ser el verano de las soluciones para el Pucela, también el de la "regeneración" con la que comenzaba este texto.

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